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VIENDO Jesus las mul- 13 Vosotros sois la sal

Ytitudes, subió un mon- la tierra; y si la sal perdere

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te; y sentándose él, se llega-
ron á él sus discípulos.
2 Y abriendo él su boca, les
enseñaba, diciendo:

3 Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos.

4 Bienaventurados los tristes; porque ellos recibirán consolacion.

5 Bienaventurados los mansos; porque ellos recibirán la tierra por heredad.

tos.

su sabor, ¿con qué será salada? no vale más para nada; sino que sea echada fuera, y sea hollada de los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder.

15 Ni se enciende la luz, y se pone debajo de un almud, sino en el candelero, y alumbra á todos los que están en

casa.

6 Bienaventurados los que 16 Así pues alumbre vuestra tienen hambre y sed de jus- luz delante de los hombres, ticia; porque ellos serán har-para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vues7 Bienaventurados los mise-tro Padre que está en los ciericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazon; porque ellos verán á Dios.

9 Bienaventurados los pacificadores; porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia; porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois, cuando os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.

12 Regocijáos y alegráos; porque vuestro galardon es grande en los cielos; que así persiguieron á los profetas que fueron ántes de vosotros.

los.

17 ¶ No penséis que he venido para invalidar la ley, ó los profetas: no he venido para invalidarlos, sino para cumplirlos.

18 Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, sin que todas las cosas sean cumplidas.

19 De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare å los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere, y enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos.

29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácale, y échale de tí; que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

20 Porque yo os digo, que cualquiera que mira á una si vuestra justicia no fuere muger para codiciarla, ya mayor que la de los escribas adulteró con ella en su coray de los Fariseos, no entra-zon. réis en el reino de los cielos. 21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, estará expuesto a juicio. á 22 Yo pues os digo, que cualquiera que se enojare sin razon con su hermano, estará expuesto á juicio; y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, estará expuesto al con-es, que se pierda uno de tus cilio; y cualquiera que á sú hermano dijere: Insensato, estará expuesto al fuego del infierno.

23 Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares, que tu hermano tiene algo contra tí,

24 Deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad con tu hermano, y entónces vé, y ofrece tu presente.

25 Pónte de acuerdo con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al ministro; y seas echado en prision. 26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el postrer cornado.

27 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No cometerás adulterio:

28 Yo pues os digo, que

30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí: que mejor te

miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 31 Tambien fué dicho: Cualquiera que despidiere á su muger, déle carta de divorcio:

32 Mas yo os digo, que el que despidiere á su muger, á no ser por causa de fornicacion, hace que ella adultere; y el que se casare con la despedida, comete adulterio. 33 Tambien oisteis que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos.

34 Yo pues os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35 Ni por la tierra, porque es el estrado de sus piés; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.

36 Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.

Sí, sí: No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

37 Mas sea vuestro hablar, hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen tambien así los publicanos? 48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es per

38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo; y diente por diente:

39 Mas yo os digo: que no resistáis al mal: ántes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele tambien la otra.

40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la capa.

41 Y á cualquiera que te forzare á ir una milla, vé con él dos.

42 Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de tí prestado, no le rehuses. 43 Oisteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo; y aborrecerás á tu enemigo.

44 Yo pues os digo: Amád á vuestros enemigos: bendecíd á los que os maldicen: hacéd bien á los que os aborrecen, y orád por los que os calumnian y os persiguen; 45 Para que seais hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos é injus

tos.

fecto.

CAPITULO VI.

Prosigue mas en especial en la purifi

cacion de la verdadera doctrina de la ley y de las piadosas obras, siempre, como comenzó, contraponiendo las obras de los hipócritas. De la limosna. II. De la oracion, y del perdonar con facilidad las ofensas a los hermanos. III. Del ayuno. IV. El primero y solo estudio del piadoso evangélico, adquirir verdadera y viva fé, y procurar su aumento abnegada toda avaricia, pospuesto y mortificado todo cuidado congojoso del sustento, el cual el Padre celestial tiene tomado sobre si, &c.

MIR

IRÁD que no hagáis vuestra limosna delante de los hombres, para que seais mirados de ellos: de otra manera no tenéis galardon de vuestro Padre que está en los cielos.

2 Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su galardon.

3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda 46 Porque si amareis á los lo que hace tu derecha. que os aman, ¿qué galardon 4 Que sea tu limosna en setendreis? ¿No hacen tam-creto; y tu Padre, que ve en bien lo mismo los publica-lo secreto, él te recompensará en lo público.

nos?

47 Y si saludareis á vuestros

5 Y cuando orares, no

seas

como los hipócritas ; | perdonará tambien á vosotros vuestro Padre celestial.

15 Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. 16 Y cuando ayunáis, no seais como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer á los hom

porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en las esquinas de las calles en pié; para que sean vistos. De cierto que ya tienen su galardon. 6 Mas tú, cuando orares, entra en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escon-bres que ayunan. De cierto dido, te recompensará en lo público.

7 Y orando, no habléis inútilmente, como los paganos, que piensan que por su parlería serán oidos.

os digo, que ya tienen su galardon.

17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro,

18 Para no parecer á los 8 No os hagáis pues seme- hombres que ayunas, sino á jantes á ellos; porque vues-tu Padre que está en lo escontro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, ántes que vosotros le pidáis.

9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea santificado tu nombre.

10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así tambien en la tierra. 11 Dános hoy nuestro pan cotidiano.

12 Y perdónanos nuestras deudas, como tambien nosotros perdonamos á nuestros deudores.

13 Y no nos metas en tentacion, mas líbranos de mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amen.

14 Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os

dido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará en lo público.

19 No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orin corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan;

20 Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan.

21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon.

22 La luz del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso.

23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebro

So.

Así que si la luz que en tí hay, son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas ?

24 Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno, y amará al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios, y á las riquezas. 25 Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. La vida no es más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?

26 Mirád á las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. No sois vosotros mucho mejores que ellas?

27 Mas quién de vosotros, por mucho que se congoje, podrá añadir á su estatura un codo?

28 Y por el vestido, por

32 (Porque los Gentiles buscan todas estas cosas :) porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad.

33 Mas buscád primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas.

34 Así que, no os congojéis por lo de mañana; que el mañana traerá su congoja: basta al dia su afliccion.

CAPITULO VII.

Prosiguiendo en el mismo discurso, desciende a dar algunos preceptos más particulares, como: 1. de la modestia en el juzgar del prójimo contra los hipócritas, 2. de la prudencia en la dispensacion de la sagrada doctrina. II. Exhorta á la oracion. III. Suma de toda la ley de la caridad. IV. Exhorta a recibir el evangelio. V. A guardarse de los falsos enseñadores, y da aviso cierto por el cual sean conocidos. VI. El que recibe de ánimo la doctrina del evangelio, por ella vence toda tentacion: el hipócrita perece en ella.

O juzguéis; porque tam

qué os congojáis? Aprended Nie no seais juzga

de los lirios del campo, como crecen no trabajan, ni hilan:

29 Mas os digo, que ni aun Salomon con, toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.

30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más á vosotros, hombres de poca fé? 31 No os congojéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?

dos.

2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida que medis, con ella os volverán á medir.

3 Y ¿por qué miras la arista que está en el ojo de tu hermano; y no echas de ver la viga que está en tu ojo? 40 ¿cómo dirás á tu hermano: Deja, echaré de tu ojo la arista; y, he aquí, una viga en tu ojo?

5¡ Hipócrita! echa prime

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