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ro la viga de tu ojo; y en- 14 Porque la puerta es estónces verás claramente pa-trecha, y angosto el camino ra echar la arista del ojo de que lleva á la vida; y pocos tu hermano. son los que lo hallan.

15 Guardáos de los falsos

6 No deis lo santo á los perros; ni echéis vuestras per-profetas, que vienen á vosolas delante de los puercos; tros con vestidos de ovejas; porque no las rehuellen con mas interiormente son lobos sus piés, y vuelvan, y os des- robadores. pedacen.

16 Por sus frutos los cono

7¶ Pedíd, y se os dará: bus-ceréis. ¿Cógense uvas de cád, y hallaréis: llamád, y los espinos, o higos de las se os abrirá. cambroneras?

8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?

100 si le pidiere un pez, le dará una serpiente?

11 Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, vuestro Padre que está en los cielos, ¿cuánto más dará buenas cosas á los que le piden?

12 ¶ Así que, todas las cosas que querriais que los hombres hiciesen con VOsotros, así tambien hacéd vosotros con ellos; porque esta es la ley, y los profetas. 13 Entrád por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdicion; y los que van por él, son mu

chos.

17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol carcomido lleva malos frutos.

18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol carcomido llevar buenos frutos.

19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y échase en el fuego.

20 Así que por sus frutos los conoceréis.

21 No cualquiera que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22 Muchos me dirán en aquel dia: Señor, Señor, no profetizámos en tu nombre, y en tu nombre echámos demonios, y en tu nombre hicimos muchas grandezas?

23 Y entonces les confesaré: Nunca os concocí: apartáos de mí, obradores de maldad.

24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las hace, compararle he al varon prudente que edificó su casa sobre roca:

25 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa, y no cayó; porque estaba fundada sobre roca. 26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, compararle he al varon insensato, que edificó su casa sobre arena:

3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada. 4 Entónces Jesus le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moises, para que les

conste.

5 T Y entrando Jesus en Capernaum, vino á él un centurion, rogándole,

6 Y diciendo: Señor, mi criado está echado en casa para

27 Y descendió lluvia, y vi-lítico, gravemente atormennieron rios, y soplaron vien- tado. tos, é hicieron ímpetu en aquella casa, y cayó; y fué su ruina grande.

28 Y fué que como Jesus acabó estas palabras, las gentes se espantaban de su doctrina: 29 Porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

CAPITULO VIII.

Limpia Cristo a un leproso. II. Sa

na á un siervo del centurion, cuya

7 Y Jesus le dijo: Yo vendré, y le sanaré.

8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techumbre; mas solamente dí con la palabra, y mi criado sanará.

9 Porque tambien yo soy hombre debajo de potestad; y tengo debajo de mi potestad soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo

je alaba. III. Sana a la suegra de
Pedro y á otros muchos enfermos.
IV. Rehusa a un escriba, o doctor
de la ley, el cual se ofrecia á seguirle; hace.
y a uno de sus discípulos, que con
pretexto de piedad se queria separar

de él por entonces, manda que se
quede. V. Amansa la tempestad en

el mar. VI. Sana a dos endemoniados en la tierra de los Gergesenos.

Y COMO descendió Jesus

del monte, seguíanle grandes multitudes.

2 Y, he aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.

10 Y oyéndolo Jesus, se maravilló; y dijo á los que le seguian: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado

tanta fé.

11 Y yo os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos;

12 Mas los hijos del reino | 22 Y Jesus le dijo: Sígueme, serán echados en las tinieblas y deja que los muertos ende afuera: allí será el llanto, tierren á sus muertos. y el crujir de dientes. 13 Entónces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, así sea hecho contigo. Y su criado fué sano en el mismo momento.

14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en la cama, y con fiebre.

23 Y entrando él en una nave, sus discípulos le siguieron.

24 Y, he aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, de manera que la nave se cubria de las ondas; y él dormia.

25 Y llegándose sus discípulos le despertaron, dicien15 Y tocó su mano, y la fie-do: Señor, sálvanos, perecebre la dejó; y ella se levantó, y les servia.

16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados, y echó de ellos los demonios con su palabra, sanó todos los enfermos; 17 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

18¶Y viendo Jesus grandes multitudes al rededor de sí, mandó que se fuesen á la otra parte del lago.

19 Y llegóse un escriba, y díjole: Maestro, seguirte he donde quiera que fueres.

mos.

26 Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fé? Entónces levantado reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.

27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y la mar le obedecen?

28 Y como él llegó á la otra parte en el territorio de los Gergesenos; le vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en gran manera, así que nadie podia pasar por aquel camino.

29 Y, he aquí, clamaron, 20 Y Jesus le dijo: Las zor- diciendo: ¿Qué tenemos conras tienen cavernas, y las tigo, Jesus, Hijo de Dios? aves del cielo nidos; mas el¿Has venido ya acá á molesHijo del hombre no tiene tarnos ántes de tiempo? donde recostar su cabeza. 21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero, y entierre á mi padre.

30 Y estaba léjos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.

31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas,

permítenos que vayamos en aquel hato de puercos. 32 Y él les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron al hato de los puercos; y, he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar; y murieron en las aguas.

33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados.

34 Y, he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesus; y cuando le vieron, le rogaban que se fuese de sus términos.

CAPITULO IX.

Sana Cristo a un paralítico en prueba contra los escribas, que tiene potestad de perdonar pecados. II. Llama a Mateo publicano, el cual le sigue; y responde a los Fariseos que le calumniaban que comia y bebia con publicanos y pecadores. III. Responde a los discípulos de Juan que le preguntan: ¿Por que sus discipulos no ayunan, como ellos, y los Fariseos? IV. Resucita á una hija de un principal, y en el camino sana a una muger de un antiguo flujo de

sangre. V. Sana a dos ciegos. VI.

Sana á un endemoniado mudo, &c.

4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

5¿Cuál es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?

6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entónces al paralítico:) Levántate, toma tu cama, y véte á tu casa. 7 Entónces él se levantó, y se fué á su casa.

8 Y las gentes viéndolo, se maravillaron, y glorificaron á Dios, que hubiese dado tal potestad á hombres.

9¶Y pasando Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo, y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.

10 Y aconteció que estando él sentado á comer en la casa, he aquí, que muchos publicanos y pecadores, que habian

ENTONCES entrando en venido, se sentaron junta

una nave, pasó á la otra parte, y vino á su ciudad. 2 Y, he aquí, le trajeron un paralítico echado en una cama; y viendo Jesus la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia, hijo; tus pecados te son perdonados.

3 Y, he aquí, algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema.

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mente á la mesa con Jesus y sus discípulos.

11 Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?

12 Y oyéndolo Jesus, les dijo: Los que están sanos, no tienen necesidad de médico; sino los enfermos.

13 Andád, ántes aprendéd | doce años habia, llegándose que cosa es : Misericordia por detras, tocó la fimbria de quiero, y no sacrificio: Por-su vestido;

que no he venido á llamar los 21 Porque decia entre sí: justos, sino los pecadores á Si tocare solamente su vestiarrepentimiento. do, seré sana.

14 Entónces los discípulos 22 Mas Jesus volvíendose, y de Juan vienen á él, diciendo: | mirándola, dijo: Confia, hija, ¿Por qué nosotros y los Fa- tu fé te ha sanado. Y la riseos ayunamos muchas ve-muger fué sana desde aquella ces, y tus discípulos no ayu

nan?

Pue

hora.

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23 Y venido Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y el gentío que hacia bullicio, 24 Díceles: Apartãos, que jóven no es muerta; sino que duerme. Y se burlaban de él.

15 Y les dijo Jesus: den los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán dias, cuando el espo-la so será quitado de ellos, y entónces ayunarán.

16 Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor

rotura.

17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos; de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente.

18 Hablando él estas cosas á ellos, he aquí, cierto principal vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco ha; mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos.

20 Y, he aquí, una muger enferma de flujo de sangre

25 Y como la gente fué echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la jóven se levantó.

26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.

27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.

28 Y venido á casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: Creeis que puedo ha¿ cer esto? Ellos dicen: Si, Señor.

29 Entónces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea hecho.

30 Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesus les encargó rigurosamente, diciendo: Mirád, que nadie lo sepa.

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