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31 Mas ellos salidos, divulga-charen, armándolos con temor y fé

ron su fama por toda aquella tierra.

32 Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.

de la divina providencia contra los peligros de su vocacion, y avisandoles del fuego y alboroto que con su predicacion vendria en el mundo por la rebelion del implo mundo, que no luego la querrá recibir, &c.

33 Y echado fuera el demo- ENTONCES llamando á

nio, el mudo habló. Y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.

34 Mas los Fariseos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda dolencia.

2 Y los nombres de los doce Apóstoles son estos: El primero, Simon, que es llamado 35 Y rodeaba Jesus por to- Pedro, y Andres, su hermadas las ciudades y aldeas, en- no: Santiago, hijo de Zebeseñando en las sinagogas de deo, y Juan su hermano: ellos, y predicando el evan- 3 Felipe, y Bartolomé: Togelio del reino, y sanando to-mas, y Mateo el publicano: da enfermedad, y toda dolencia en el pueblo.

36 Y viendo las multitudes, tuvo misericordia de ellas; que eran derramados y esparcidos, como ovejas que no tienen pastor.

37 Entónces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha; mas los obreros, pocos.

38 Rogád pues al Señor de la mies, que envie obreros á su mies.

CAPITULO X. Llama el Señor á sus doce discípulos: a los cuales gradua y envia al primer ensayo de su predicacion, instruidos de lo que han de anunciar, ya quienes da poder celestial para sanar todas enfermedades en testimonio de la verdad de su doctrina: asimismo les da reglas de como se

han de haber así con los que los recibieren, como con los que los dese

Santiago, hijo de Alfeo, y Lebeo, que tenia el sobrenombre de Tadeo:

4 Simon de Cana, y Júdas Iscariote, que tambien le entregó.

5 Estos doce envió Jesus, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis:

6 Mas íd ántes á las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicád, diciendo: El reino de los cielos ha llegado.

8 Sanád enfermos, limpiád leprosos, resucitád muertos, echád fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia.

6

9 No proveáis oro, ni plata, | 19 Mas cuando os entregaren, no os congojéis como, qué habéis de hablar; porque en aquella hora os será dado que habléis.

ni dinero en vuestras bolsas, 10 Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon; porque el obrero digno es de su alimento.

20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre, que

11 Mas en cualquiera ciudad ó aldea, donde entraréis, bus-habla en vosotros. cád con diligencia quien sea en ella digno, y morád allí hasta que salgais.

12 Y entrando en la casa, saludádla.

13 Y si la casa fuere digna, que vuestra paz venga sobre ella; mas si no fuere digna, que vuestra paz vuelva sobre vosotros.

14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salíd de aquella casa ó ciudad, y sacudíd el polvo de vuestros piés.

15 De cierto os digo: Que el castigo será más tolerable á la tierra de Sodoma, y de Gomorra en el dia del juicio, que á aquella ciudad.

16 He aquí, yo os envio, como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.

21 El hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que lo soportare hasta el fin, este será salvo. 23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. 24 El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor.

25 Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al mismo padre de familias llamaron Belzebú, ¿cuánto más á los de su casa?

26 Así que no los temáis; 17 Y guardáos de los hom- porque nada hay encubierto, bres; porque os entregarán á que no haya de ser manifeslos concilios, y en sus sina-tado; y nada oculto que no gogas os azotarán. haya de saberse.

18 Y aun ante gobernadores, y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio contra ellos, y los Gentiles.

27 Lo que os digo en tinieblas, decídlo en luz; y lo que ois á la oreja, predicádlo desde los tejados.

28 Y no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: teméd ántes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

29 No se venden dos pajarillos por una blanca? Yuno de ellos no caerá á tierra sin vuestro Padre.

30 Y vuestros cabellos tambien, todos están contados. 31 No temáis pues: más valéis vosotros que muchos pajarillos.

32 Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo tambien delante de mi Padre, que está en los cielos.

33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien delante de mi Padre, que está en los cielos.

34 No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada.

35 Porque he venido para poner en disension al hombre contra su padre, y á la hija contra su madre, y á la nuera contra su suegra. 36 Y los enemigos del hombre serán los de su casa.

37 El que ama á padre ó á madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama á hijo ó á hija más que á mí, no es digno de mí.

y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

41 El que recibe á un profeta en nombre de profeta, galardon de profeta recibirá; y el que recibe á un justo en nombre de justo, galardon de justo recibirá.

42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un jarro de agua fria solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su galardon.

CAPITULO XI.

Enviando el Bautista a preguntar á Cristo si era el Mesías, en respuesta remite á Juan por la relacion de sus discípulos á la consideracion de sus obras como á señas legítimas del Mesías. II. Declara á las multitudes el ministerio del Bautista en respecto de sí. III. Censura y amenaza á los que no le reciben. IV. Adora afectuosumente el consejo admirable de la providencia del Padre por cuya dispensacion viene que los sabios y poderosos del mundo sean ciegos al misterio del evangelio, y se comunique á los bajos de él; á los cuales exhorta á que le reciban é imiten, declarando el ingenio de su evangelio.

Yando Jesus de dar manACONTECIÓ, que acadamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á enseñar y á predicar en las ciu38 Y el que no toma su cruz | dades de ellos.

2 Yoyendo Juan en la prision | 12 Y desde los dias de Juan los hechos de Cristo, envióle el Bautista hasta ahora al dos de sus discípulos, reino de los cielos se hace fuerza; y los valientes lo arrabatan.

3 Diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro?

4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, hacéd saber á Juan las cosas que ois y veis.

13 Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron.

14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que habia de venir.

15 El que tiene oidos para

5 Los ciegos ven, y los cojos andan: los leprosos son limpiados, y los sordos oyen: los muertos son resucitados, y áoir, oiga. los pobres es anunciado el evangelio.

6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

7 Eidos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las multitudes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿ una caña que es meneada del viento? 8 O¿qué salisteis á ver? ¿un hombre vestido de ropas delicadas? He aquí, los que traen ropas delicadas, en las casas de los reyes están.

9 O¿qué salisteis á ver? ¿ profeta? Ciertamente os digo, y más que profeta.

10 Porque este es de quien está escrito: He aquí, yo envio mi mensagero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de ti.

11 De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mugeres otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

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16 Mas á quién compa¿ raré esta generacion? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,

17 Y dicen: Os tañímos flauta, y no bailasteis: os endechámos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene.

19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada de sus hijos.

20 Entónces comenzó á zaherir á las ciudades en las cuales habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian arrepentido, diciendo:

21 Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Betsaida! porque si en Tiro y en Sidon se hubieran hecho las maravillas que han sido hechas en vosotras,

ya mucho ha que se hubieran | zon; y hallaréis descanso arrepentido en saco y en ce- para vuestras almas. niza. 30 Porque mi yugo es suave, y ligera mi carga.

22 Por tanto yo os digo, que á Tiro y á Sidon será más tolerable el castigo en el dia del juicio, que á voso

tras.

23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada; porque si en Sodoma se hubiesen hecho las maravillas que han sido hechas en tí, hubieran permanecido hasta el dia de hoy.

24 Por tanto yo os digo, que á la tierra de Sodoma será mas tolerable el castigo en el dia del juicio, que á tí. 25 En aquel tiempo respondiendo Jesus, dijo: Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los niños. 26 Así, Padre, pues que así agradó á tus ojos.

27 Todas las cosas me son entregadas por mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo le quisiere revelar.

28 Veníd á mí, todos los que estáis trabajados, y cargados, que yo os haré descansar.

Defiende de la calumnia de los FariCAPITULO XII. seos á sus discípulos que necesitados de la hambre cogian espigas en súbado para comer. II. Sana en sábado á uno que tenia una mano seca, y prueba, contra las calumnias de los Fariseos y escribas, que es lícito en sábado hacer bien al prójimo. III. Sana á un endemoniado ciego y mudo; y defiende la obra de Dios contra las calumnias de los Fariseos que decian ser obra del diablo contra el convencimiento de sus conciencias, y declara el tal pecado ser de suyo irremisible por ser contra el Espíritu Santo. IV. A otros de los mismos que le pidieron señal (para confirmacion de su ministerin) responde que su resurreccion (figurada en Jonas, &c.) lo seria; y les denuncia su peor estado. V. Declara cuán caros y conjuntos le son, los que ú él se allegan.

aquel tiempo iba Jesus

EN por entre los panes en sábado; y sus discípulos tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.

2 Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.

3 Y él les dijo: ¿No habéis leido, qué hizo David, teniendo hambre él, y los que estaban con él ?

4 Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que no le era lícito comer de ellos, ni á los que estaban con él, sino 29 Llevád mi yugo sobre vo-á solos los sacerdotes? sotros, y aprendéd de mí, que 5 O no habéis leido en la soy manso y humilde de cora- ley, que los sábados en el

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