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ros, que le debia cien denarios; y trabándo de él, le ahogaba, diciendo: Paga lo que debes.

29 Entónces su compañero, postrándose á sus piés, le rogaba, diciendo: Deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré.

dones que tuviere de Dios, y la condicion de su vocacion. II. Otra vez vuelve a poner ú los niños por ejemplo de los que entran en su iglesia, III. Tienta á un rico que se ofrecia á seguirle, con mandarle que deje lo que tiene, &c., y él al cabo se despide triste: a ocasion de lo cual enseña la grande dificultad con que los ricos entrarian á la verdadera profesion del evangelio, y el grande é incomparable premio que tendrán los que por su nombre dejaren algo.

ACONTECIÓ, que aca

30 Mas él no quiso, sino fué, bando Jesus estas pa

y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.

labras, se retiró de Galilea, y vino á los términos de Judea,

31 Y viendo sus compañeros lo que pasaba, se entristecie-pasado el Jordan. ron mucho, y viniendo declararon á su señor todo lo que habia pasado.

32 Entónces llamándole su señor, le dice: Mal siervo, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste:

33 No te convenia tambien ¿ á tí tener misericordia de tu compañero, como tambien yo tuve misericordia de tí?

34 Entónces su señor enojado le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debia.

35 Así tambien hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.

2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 3 Entónces se llegaron á él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: Es lícito al hombre despedir á su muger por cualquiera causa?

4 Y él respondiendo, les dijo: No habéis leido que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, 5 Y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su muger, y serán dos en una carne ?

6 Así que no son ya más dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.

7 Dícenle: Por qué pues Moises mandó dar carta de

CAPITULO XIX.
Disputa el Señor con los Fariseos de divorcio, y despedirla?

los divorcios de la ley, y de la obliga-
cion del matrimonio con una legítima
muger reduciendolo a su primera
institucion. Enseña a sus discipu-
los por ocasion, que ni todos son há-
biles para contraer matrimonio, ni
todos lo pueden dejar de contraer
por su cerbitrio; portanto, que cuan-
to á esto cada uno se mida por los

8 Díjoles: Por la dureza de corazon Moises os vuestro permitió despedir vuestras mugeres; mas al principio no fué así.

9 Y yo os digo, que cual

18 Dícele:

Cuáles? Y Je

quiera que despidiere á su | Dios. Mas si quieres entrar muger, sino fuere por forni- en la vida, guarda los mancacion, y se casare con otra, damientos." adultera; y el que se casare con la despedida, adultera. 10 Dícenle sus discípulos: Si así es la condicion del hombre con su muger, no conviene casarse.

11 Entónces él les dijo: No todos son capaces de recibir este dicho: sino aquellos á quien es dado.

12 Porque hay eunucos, que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que han sido hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se han hecho eunucos á sí mismos por causa del reino de los cielos. El que puede recibirlo, recíbalo.

sus dijo: No matarás: No
adulterarás: No hurtarás :
No dirás falso testimonio:
19 Honra á tu padre y á tu
madre: Y, amarás á tú pró-
jimo, como á tí mismo.

20 Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi mocedad: ¿Qué más me falta?

21 Dícele Jesus: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dálo á los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme.

22 Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste; porque tenia muchas posesiones. 23 Entónces Jesus dijo á sus 13¶ Entonces le fueron pre-discípulos: De cierto os disentados unos niños, para go, que el rico dificilmente que pusiese las manos sobre entrará en el reino de los cieellos, y orase; y los discípulos. los les riñeron.

14 Mas Jesus dijo: Dejád á los niños, y no les impidáis de venir á mí; porque de los tales es el reino de los cielos.

15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí.

16 ¶Y, he aquí, uno llegándose, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré, para tener la vida eterna ?

17 Y él le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno es bueno sino uno, es á saber,

24 Y ademas os digo, que más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.

25 Sus discípulos oyendo estas cosas se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?

26 Y mirándolos Jesus, les dijo: Acerca de los hombres imposible es esto; mas acerca de Dios todo es posible.

27 Entónces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y

te hemos seguido, ¿qué pues | que salió por la mañana á tendrémos? coger peones para su viña. 2 Y concertado con los peones por un denario al dia,

28 Y Jesus les dijo: De cierto os digo, que vosotros que

3 Y saliendo cerca de la ho

me habéis seguido, cuan-los envió á su viña. do en la regeneracion se asentará el Hijo del hombrera de las tres, vió otros que

en el trono de su gloria, vosotros tambien os sentaréis sobre doce tronos, para juz gar á las doce tribus de Is

rael.

29 Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó muger, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y la vida eterna tendrá por herencia.

30 Mas muchos que son pri- | meros serán postreros; y los postreros, primeros.

CAPITULO XX. Declara el Señor por la parábola de

los llamados á la viña en diversas

estaban en la plaza ociosos,
4 Y les dijo: Id tambien vo-
sotros á mi viña, y os daré lo
que fuere justo. Y ellos fue-

ron.

é

5 Salió otra vez cerca de las seis y de las nueve horas, hizo lo mismo.

6 Y saliendo cerca de las once horas, halló otros que estaban ociosos, y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el dia ociosos ?

7 Dícenle ellos: Porque nadie nos ha cogido. Díceles: Id tambien vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo.

8 Y cuando fué la tarde del dia, el señor de la viña dijo á su administrador: Llama los peones, y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9 Y viniendo los que habian venido cerca de las once horas, recibieron cada uno un de

horas, lo que dijo en el fin del capi-
tulo precedente, a saber, que no todos
los que se pensarian ser los primeros
en la iglesia, al fin quedarian en ella;
ni todos los que otros pensaban que
estaban fuera de ellu, al fin que-
darian fuera: porque la predica-
cion externa del evangelis a muchos
se comunica, mas la eleccion de Dios
no á tantos. II. Llegando cerca de
Jerusalem declara a sus discípulos
su muerte con las circunstancias de
ella, y su resurreccion. III. A oca-nario.
sion de la peticion de los hijos de
Zebeden por intercesion de su ma-

dre, declara el Señor que las prima

clas en su iglesia van al reves de las

del munto, a saber, estas por dominar, &c. las otras por servir, &c. IV. Sina a dos ciegos junto á Jerics.

DORQUE el reino de los

10 Y viniendo tambien los

primeros, pensaron que habian de recibir más; pero tambien ellos recibieron cada uno un denario.

11 Y tomándolo, murmura

hombre, padre de familias, | milia,

12 Diciendo: Estos postre- res? Ella le dijo: Dí que se asienten estos dos hijos mios, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino,

ros solo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos lleva do la carga, y el calor del dia. 13 Y él respondiendo dijo á uno de ellos Amigo, no te hago agravio. No te concertaste conmigo por un de-la copa de que yo tengo que nario?

:

22 Entónces Jesus respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedis. Podéis beber de

beber; y ser bautizados del

14 Toma lo que es tuyo, y bautismo de que yo soy bauvéte yo quiero dar á este postrero como á tí.

:

15 No me es lícito á mí hacer lo que quiero en mis cosas? ¿O es malo tu ojo, porque yo soy bueno?

16 Así los primeros serán postreros; y los postreros primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

17 Y subiendo Jesus á Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:

18 He aquí, subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le condenarán á muerte,

19 Y le entregarán á los Gentiles, para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercero dia resucitará.

20 Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorando, y pidiéndole algo.

21 Y él le dijo: Qué quie

tizado? Dícen ellos: Pode

mos.

23 El les dice: A la verdad de mi copa beberéis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas sentaros á mi mano derecha, y á mi izquierda, no es mio darlo, sino á los que está aparejado por mi Padre. 24 TY como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos.

25 Entónces Jesus llamándolos, dijo: Ya sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos; y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.

26 Mas entre vosotros no será así; sino el que entre vosotros quisiere hacerse grande, será vuestro servidor;

27 Y el que entre vosotros quisiere ser el primero, será vuestro siervo :

28 Así como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

29 ¶ Entonces saliendo ellos Y COMO se acercaron á

de Jericó, le seguia una gran multitud.

30 Y, he aquí, dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesus pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 31 Y la multitud les reñia para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 32 Y parándose Jesus, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros?

33 Dícenle ellos: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entónces Jesus teniéndoles misericordia, tocó los ojos de ellos, y luego sus ojos recibieron la vista, y le siguie

ron.

CAPITULO XXI.

Hace el Señor su entrada real en Jeru

Jerusalem, y vinieron á Betfage, al monte de las Olivas, entónces Jesus envió dos discípulos,

2 Diciéndoles: Id á la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella : desatádla, y traédmelos.

3 Y si alguno os dijere algo, decíd: El Señor los ha menester; y luego los dejará. 4 Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo:

5 Decíd á la hija de Sion: He aquí, tu Rey te viene, manso, y sentado sobre una asna y un pollino, hijo de animal de yugo.

6 Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesus les mandó.

7 Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos, y se sentó sobre ellos.

salem conforme á la naturaleza de su reino, y á las profecías de ello. II. Repurga el templo, y da en ei sanidades. III. Enojanse los principes de los sacerdotes y los doctores de la ley de las aclamaciones de los 8 Y muy mucha gente tenniños en gloria suya, y él les res-dian sus mantos en el camino; ponde. IV. Por el simbolo de la higuera que a su maldicion se secó, y otros cortaban ramos de los porque no le halls frulo, significa árboles, y los tendian por el camino.

cual era, y habia de ser el estado del pueblo judaico V. Los sumos sacerdotes y el senado de Jerusalem le piden razon de su vocacion calum

niosamente, y queriendo él dúrsela por ciertas preguntas, y no queriendo ellos responder á ellas, el deja de dársela. VI. Empero les muestra por una parabola su rebelion a Dios so especie de santidad. VII. Y por otra lo que ellos le habian demandado de su vocacion, y lo que ellos harian de él, y el castigo de Dios que sobre ellos vendria.

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