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LA EPÍSTOLA UNIVERSAL

DE

SAN JÚDAS.

Muestra el apóstol la perversidad de los engañadores y menospreciadores de Dios, y el castigo que les está aparejado. Exhorta a guardarse de ellos, y á perseverar en la doctrina apostólica.

ÚDAS, siervo de Jesu

Jacobo, á los llamados, santificados en Dios el Padre, y conservados en Jesu Cristo: 2 La misericordia, y la paz, y el amor os sean multiplicados.

de la tierra de Egipto, despues destruyó á los que no creian:

6 Y que á los ángeles que no guardaron su origen, mas

los ha reservado debajo de oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del grande dia.

7 Así como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comar3 Amados, por la gran soli- canas, las cuales de la misma citud que tenia yo de escri- manera que ellos habian forbiros tocante á la comun sa-nicado, y habian seguido delud, háme sido necesario es- senfrenadamente en pos de cribiros, amonestándoos que otra carne, fueron puestas os esforcéis á perseverar en por ejemplo, habiendo recila fé que ha sido una vez da-bido la venganza del fuego da á los santos.

4 Porque algunos hombres han encubiertamente entrado sin temor ni reverencia de Dios: los cuales desde mucho ántes habian estado ordenados para esta condenacion, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolucion, y negando á Dios, que solo es el que tiene dominio, y á nuestro Señor Jesu Cristo.

5 Quiéroos, pues, traer á la memoria que una vez habéis sabido esto, que el Señor habiendo salvado al pueblo

eterno.

8 Y semejantemente tambien, estos adormecidos inmundos ensucian su carne, y menosprecian la potestad, y ultrajan las glorias.

9 Pues cuando el arcángel Miguel contendia con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moises, no se atrevió á usar de juicio de maldicion contra él, ántes le dijo: El Señor te reprenda.

10 Mas estos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente co

nocen, se corrompen en ellas | personas por causa del procomo animales sin razon. vecho. 11 Ay de ellos! porque han seguido el camino de Cain, y han venido á parar en el error del premio de Balaam, y perecieron en la contradicion de Coré.

17 Mas vosotros, amados, tenéd memoria de las palabras que de ántes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesu Cristo;

18 Como os decian, que en el postrer tiempo habria bur

12 Estos son manchas en vuestros convites, que ban-ladores, que andarian segun

quetéan juntamente, apacentándose á sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos: árboles marchitos como en oto

ño, sin fruto, dos veces muertos, y desarraigados:

13 Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones: estrellas erráticas, á los cuales es reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.

14 De los cuales tambien profetizó Enoc, que fué el séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares; 15 A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre ellos de todas sus malas obras, que han hecho infielmente, y de todas las palabras duras, que los pecadores infieles han hablado contra él.

16 Estos son murmuradores querellosos, andando segun sus concupiscencias, y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiracion las

sus malvados deseos.

19 Estos son los que se separan á sí mismos, sensuales, no teniendo el Espíritu.

20 Mas vosotros, oh amados, edificáos á vosotros mismos sobre vuestra santísima fé, orando en el Espíritu Santo. 21 Conserváos á vosotros mismos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesu Cristo, para vida eterna.

22 Y recibíd á los unos en piedad, discerniendo;

23 Y hacéd salvos á los otros por temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo aun hasta la ropa que es contaminada de tocamiento de carne.

24 A aquel, pues, que es poderoso para preservaros de tropezadura, y para presentaros delante de su gloria, irreprensibles con alegría excesiva,

25 A Dios solo sábio Salvador nuestro, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora, y en todos siglos. Amen.

LA REVELACION

DE

SAN JUAN, EL TEÓLOGO.

CAPITULO I.

1. Muestra que gênero de doctrina se trate aquí, 8. es á saber, la de aquel que es principio y fin. 12. Despues el misterio de los siete candelabros,

16. y de las siete estrellas. 20. Es declarado.

LA

A revelacion de Jesu Cristo, la cual Dios le dió para manifestar á sus siervos cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándola por su ángel á Juan su siervo; 2 El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesu Cristo, y de todas las cosas que vió. 3 Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de la profecía, y guardan las cosas que en ella están escritas; porque el tiempo está

cerca.

4 JUAN, á las siete igle

sias que están en Asia: Gracia á vosotros, y paz de aquel, que es, y que era, y que ha de venir; y de los siete espíritus que están delante de su trono;

5 Y de Jesu Cristo, que es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, y el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados en su misma sangre,

6 Y nos ha hecho reyes, y sacerdotes para Dios y su Padre: á él la gloria y el imperio para siempre jamas. Amen.

7 He aquí, viene con las nubes, y todo ojo le verá, y tambien los que le traspasaron; y todos los linages de la tierra se lamentarán sobre él. Así es, Amen.

8 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, dice el Señor, que es, y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso.

9 Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulacion, y en el reino, y en la paciencia de Jesu Cristo, estaba en la isla que es llamada Pátmos, por la palabra de Dios, y por el testimonio de Jesu Cristo.

10 Yo fuí en el Espíritu en dia de Domingo, y oí detras de mí una gran voz como de trompeta,

11 Que decia: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el postrero: Escribe en un libro lo que ves, y envíalo á las siete iglesias que están en Asia, es á saber, á Efeso, y á Esmirna, y á Pergamo, y á Tiatira, y á

Sárdis, y á Filadelfia, y á Laodicea.

12 Y volvíme para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, ví siete candelabros de oro;

13 Y en medio de los siete candelabros de oro, uno semejante al Hijo del hombre vestido de una ropa que llegaba hasta los piés, y ceñido con una cinta de oro por los pechos;

14 Y su cabeza, y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, tan blancos como la nieve; y sus ojos como llama de fuego;

15 Y sus piés semejantes al laton fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas. 16 Y tenia en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salia una espada afilada de dos filos; y su rostro era resplandeciente como el sol resplandece en su fuerza.

17 Y cuando yo le hube visto, caí como muerto á sus piés. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, yo soy el primero, y el postrero;

18 Y el que vivo, y he sido muerto, y, he aquí, vivo por siglos de siglos, Amen; y tengo las llaves del infierno, y de la muerte.

19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser despues de estas.

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SCRIBE al ángel de la iglesia de Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda_en_medio de los siete candelabros de oro, dice estas cosas:

2 Yo sé tus obras, y tu trabajo, y tu paciencia, y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos.

3 Y has sufrido, y sufres, y has trabajado por causa de mi nombre, y no has desfallecido.

4 Pero tengo algo contra tí, porque has dejado tu primer amor.

5 Por lo cual ten memoria de donde has caido, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; si no, vendré á tí prestamente, y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepintieres.

6 Empero tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaitas, los cuales yo tambien aborrezco.

7 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraiso de Dios.

8 Y escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: El primero y el postrero, que fué muerto, y vive, dice estas co

sas:

9 Yo sé tus obras, y tu tribulacion, y tu pobreza, (pero tú eres rico,) y sé la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, sino que son la sinagoga de Satanas.

10 No tengas ningun temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo ha de arrojar algunos de vosotros á la cárcel, para que seais probados; y tendréis tribulacion de diez dias. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

11 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: El que venciere, no será dañado de la segunda

muerte.

12 Y escribe al ángel de la iglesia que está en Pergamo: El que tiene la espada afilada de dos filos, dice estas cosas: 13 Yo sé tus obras, y donde moras, que es en donde está la silla de Satanas; y tienes mi

nombre, y no has negado mi fé, aun en los dias en que fué Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanas mora. 14 Pero tengo unas pocas cosas contra tí; porque tú tienes ahí los que tienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba á Balaac á poner escándalo delante de los hijos de Israel, á comer de cosas sacrificadas á los ídolos, y á cometer fornicacion.

15 Así tambien tú tienes á los que tienen la doctrina de los Nicolaitas, lo cual yo aborrezco.

16 Arrepiéntete; porque de otra manera vendré á tí prestamente, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. 17 El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: Al que venciere, daré á comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce, sino aquel que lo recibe.

18 Y escribe al ángel de la iglesia que está en Tiatira: El Hijo de Dios que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus piés semejantes al laton fino, dice estas cosas:

19 Yo he conocido tus obras, y caridad, y servicio, y fé, y tu paciencia, y tus obras; y las postreras, que son muchas más que las primeras.

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